Tradicionalmente, los españoles usaban las dos horas de descanso de la hora de la comida para descansar. En según qué casos, eso comportaba un aumento del rendimiento diario, pero se ha convertido en una costumbre poco práctica, especialmente ahora que la mayoría trabajan en la ciudad.

España está debatiendo modificar los largos días laborales: acortarlos una hora podría mejorar la productividad

Mediante una estrategia que podría acabar con la famosa hora de la siesta, la ministra de trabajo Fátima Báñez está buscando un “pacto nacional” para acortar la jornada laboral. De esta forma, el horario sería acorde con el usado en el resto de Europa.

Para ello, propone que “la jornada laboral en España, con carácter general, acabe a las 18.00 horas”, pactando dichos cambios con los representativos tanto de compañías como de organizaciones sindicales y priorizando a las familias en situación de vulnerabilidad en las políticas de empleo compartidas con las comunidades autónomas.

La jornada laboral en España varía de comunidad a comunidad, pero un día típico empieza a las 9 de la mañana y termina a las 7 u 8 de la tarde, o incluso más tarde si la hora del almuerzo dura dos horas o más. Lo común es que la mayoría de trabajadores españoles aprovechen, entonces, esta hora de la comida para ir a casa a comer y dormir durante el verano. Aun así, el ritmo de vida actual no permite dicho descanso, o lo convierte en una costumbre poco realista.

Bajo el sistema actual, parte de los trabajadores vuelve al trabajo después de la comida hacia las 5 de la tarde. A esa hora, la mayoría de europeos ya se están preparando para volver a casa. Como consecuencia, las tiendas de comestibles y pequeños supermercados quedan abiertos hasta las 9, la cena llega tarde y los programas de televisión de horario estelar son programados hasta medianoche, cuando uno de cada cuatro empleados finalmente se va a dormir.

Consecuencias de la larga jornada laboral

La profesora Nuria Chinchilla, parte de una organización sin ánimo de lucro, la cual intenta cambiar la jornada laboral, afirma que la falta de sueño y los largos horarios afectan la vida familiar.

Explica que la baja tasa de natalidad en España, la segunda más baja de la Unión Europea, y las elevadas tasas de abandono escolar se deben a los tediosos horarios laborales. “No tenemos hijos suficientes ni la energía para ayudarlos”.

Viene de lejos

Si echamos un vistazo a los relojes, podemos observar ciertos desajustes. Para empezar, el horario español fue alterado respecto al Meridiano de Greenwich en 1940, para alinearlo con el horario de Berlín y Europa central. Eso significa que Madrid funciona una hora por delante de Londres, a pesar que está en casi los mismos términos de latitud y longitud. En cambio, comparte el horario de Varsovia, la cual se encuentra a más de 2.000 kilómetros al este. Eso significa que el sol sale y se pone más tarde en España, lo que también afecta los hábitos de sus habitantes.